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Heresi: decisión acertada

Por Víctor (Chacho) Cortés

La decisión del alcalde de San Miguel, Salvador Heresi, de no postular a la alcaldía de Lima me parece acertada. Más de lo que podría significar para otros su renuncia al Partido Popular Cristiano (PPC), que al final sólo le interesa a sus ex correligionarios.

Acertada porque creo que todavía es temprano para que postule a ese cargo. Heresi tiene mucho techo por delante y una postulación temprana hubiera significado llevarlo más al destierro o a la hoguera que al edén.

Y segundo, porque creo que aún cuando él no ha decidido si volverá a tentar el cargo de alcalde distrital, al grueso de sanmiguelinos que lo apoya les vendría bien que el joven burgomaestre lo haga. Empero, no estoy seguro que eso ocurra. Tengo mis dudas. Hasta hace poco se decía que estaría siendo tentado para acompañar a Alex Kouri a la alcaldía de Lima. No lo sé.

Pienso que Heresi sí requiere de un tercer mandato distrital para hacer realidad obras que quedarán inconclusas al término de su segunda gestión o que no se sabe qué destino tendrán, pero que han ido desdibujando al distrito.

No me queda duda que ha hecho bien en darle una playa a San Miguel con toda la remodelación de la Costa Verde y la Av. Costanera. Me parece excelente y sin duda, será su gran legado, como lo fue “el zanjón” de Bedoya, aunque en este caso, compartido con el gobierno de Alan García, quien ha facilitado los recursos. Sin embargo, creo, que esto lo ha llevado a descuidar aspectos de la zona urbana, que es donde vive el grueso de la gente. Por ejemplo, hay muchos sectores del distrito que siguen con veredas y pistas destruidas, más que por su antigüedad, por el uso de material de baja calidad en su rehabilitación y por la presencia de camiones de gran tamaño que la “fiebre” constructora ha desatado y que fácilmente las destruyen.

Si finalmente Heresi decide continuar al frente de San Miguel tendrá que preocuparse por corregir aquello y darle también una planificación ordenada a la construcción de edificios que ahora crecen como hongos en cualquier parte y del tamaño que sea, basados, claro está, en permisos ministeriales y a un reglamento laxo que no respeta siquiera, que en calles se deberían construir, a lo sumo, edificios de 4 pisos, dejando para las avenidas y jirones los de cinco y más pisos. Y lo peor, se hacen en espacios reducidos, con escasas cocheras y ascensores, y sin áreas verdes y zonas de recreo. Pregunto ¿Dónde terminarán jugando los hijos de los nuevos vecinos de la calle Hermanos Catari o de la avenida Brígida Silva?

Alrededor de este asunto están también la seguridad ciudadana y la limpieza pública. San Miguel, cuenta solo con dos comisarías que no se dan abasto ante el auge comercial del distrito, que es panal para los delincuentes. Mientras que el servicio de limpieza termina siendo porque la masiva construcción de conjuntos habitacionales trae consigo la explosión poblacional, acompañada de no siempre buenas costumbres de los nuevos vecinos.

Igualmente, Heresi tendría el tiempo suficiente para cumplir su promesa de remodelar las cuatro o cinco cuadras de la avenida Faucett hasta el límite con el Callao, anchando la vía y re-pavimentándola, así como las cuadras 33 y 34 de la Av. La Marina, que la Municipalidad de Lima, por una desidia imperdonable, dejó abandonadas cuando la Ing. Carola Cuadros se encargó de “remodelar” dicha avenida.

Asimismo, el joven y carismático alcalde tendría que tomar al toro por las astas y erradicar, de una vez por todas, ese nido de delincuentes y drogadictos de “El Castillo”, altura de la cuadra 14 de la Av. Libertad. O aquellas otras guaridas que existen entre las cuadras 26 a 29 de la Av. La Paz, que en general, ponen en riesgo a sus propios vecinos.

Otra tarea pendiente es la semaforización y señalización de calles y avenidas. No existe siquiera en San Miguel un semáforo “inteligente” y ahí donde se ha señalizado, hasta el mismo personal municipal se queja por la mala calidad de la pintura e implementos que usan.

Ni qué decir de la proliferación de ambulantes y mototaxistas. Los primeros dejan inmunda los lugares donde se ubican y la suciedad aumenta al ritmo de su número. Y los segundos amplían sus rutas mientras la ley se esfuma y a la gerencia edil le tiembla la mano para poner orden.

Ni qué decir de las campañas educativas que deberían ser permanentes y correr parejo a las obras que se realizan, pues siempre hay que recordarle a la gente que una calle limpia no es aquella que se limpia sino la que no se ensucia, y que su derecho termina allí donde empieza el derecho del otro.

Estas son pues algunas de las tareas que Heresi tendría que encarar si decide finalmente volver a postular. Si no lo hace, será la mala herencia que le dejará al que lo suceda en el cargo y con alto riesgo de que no se atiendan.

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