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¡VIVE LA FRANCE!

Por: Néstor A. Scamarone M.
Hace tiempo que no escribo sobre Francia y bueno la nostalgia me hace volver al tema y acercándonos al 14 de julio, digo: ¡Vive la révolution française! ¡Vive la France…!.

Todos los países son hermosos. Si la historia no tuvo tiempo de darle a alguno un pasado artístico, la naturaleza lo puede remediar y donde faltan las catedrales están los atolones de madréporas, la floresta y sus rosas y su secreto reino animal. El viajero de apetito nunca se decepciona. Hay en lugares salvajes rostros humanos con una filigrana más bella que la del rococó. Y aún nos queda por conocer una gran parte del mundo prohibido que todavía no hemos besado, pero sin lugar a dudas ya besaremos…

Sin ir tan lejos, Francia a mí me pone en órbita fácilmente, obvio: ahí estudie, me casé, nació mi hija, aprendí del arte y la cultura y claro a tomar mucho vino y a amar la vida con mucho placer racional. La riqueza de su patrimonio pictórico y arquitectónico es inagotable, pero aun así no debe ser mayor que el de Italia, España o Alemania.

La conmoción que me produce Francia es superior a la contemplativa o la estática. Como sociedad, o, más precisamente, como cultura, Francia está (y no sé cuánto tiempo lleva estando) más cerca de lo ideal que los demás países que conozco, que están condicionados y aferrados a lo real.
Ser un afrancesado en América Latina, es un gesto político y petulante. Hoy, aunque todos seamos más o menos igual de demócratas, también. Francia está luchando una guerra de independencia social y cultural que, por los sorprendentes pliegues de la historia, la enfrenta sin derramamiento de sangre a su antigua colonia americana, como lo hace España.

Y en esa aspiración que algunos llaman chauvinista y yo sólo utopista, se da un consenso nacional que supera ideologías, siglas, regiones. José Bové, el robinhood bretón que dispara sus flechas a las cadenas de hamburgueserías yanquis con nombre escocés (otro retruécano de la justicia poética), tal vez se quede en la leyenda folclórica. Pero Francia quiere hacer historia. Y la viene haciendo hace mucho tiempo, lo que no sabemos es cuando dejará de hacerla.

Otras veces, Francia pierde su envite, para nuestra desgracia. Mientras que, por ejemplo, la cinematografía y sobre todo la política francesa, goza de la mejor salud continental, con una cuota de espectadores de sus producciones propias muy superior a la del resto de países americanizadamente europeos, la batalla de la “excepción cultural” pasará en silencio a la historia, sacrificada en el altar mundialista del liberalismo de rostro desfachatadamente inhumano y vulgar. Francia deja de ser liberal, para alejarse del imperio de Clark Kent y de algunos países latinoamericanos… Ummm…

¿Qué explicación tendrá este “karma” francés? Religioso ya hemos visto que no. ¿racial? ¡vade retro, Satán!, genética, climática, culinaria… Un positivista francés, Hippolyte Taine, habló de la “temperatura moral” de los pueblos, responsable según él del surgimiento de las grandes creaciones artísticas del hombre a lo largo de los siglos. Convencido de que el buen vino de Burdeos y la saludable costumbre de acabar las comidas limpiando el plato y después comiendo quesos y no con una pera ayudan a ser civilizado, me pregunto si no será simplemente, una educación adecuada y sostenida, un sentido moral arraigado centrípetamente en la tradición, pero abierto hacia lo nuevo y lo transversal, lo que le da a Francia, a pesar de ser la madrastra engreída del cliché, esa temperatura capaz de convertirla en la tierra más ardorosamente curiosa y culta, una tierra donde todos los días son un 14 de julio de 1789… ¡Vive la révolution française! ¡Vive la France…!

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1 Response for “¡VIVE LA FRANCE!”

  1. gerson maldonado dice:

    Es de lo más culturizante y siempre refrescante y novedoso.
    Por favor felicite al señor Scamarone de parte de sus lectores.
    Quizás sea por sus artículos que no dejo de comprar la revista.

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