Preocupante Situación
Por Víctor (Chacho) Cortés
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito dio cuenta hace poco que en el 2009, el Perú produjo 119 mil y pico de toneladas métricas de hoja de coca, equivalente al 45% de la producción de la región, desplazando así a Colombia del primer lugar, que llegó a los 103 mil TM., mientras el tercer lugar lo ocupó Bolivia con unas 40 mil TM.
Pero eso no es todo. El informe también detalla que 59 mil hectáreas de cultivo fueron utilizadas directamente para la producción de cocaína, registrando un incremento de 6.8% respecto al 2008. Es más, precisa que esto equivale a que el año pasado los sembríos de coca crezcan a un ritmo de 10 hectáreas diarias y a 53 kilos de cocaína por día. Es decir, todo un récord.
¿Qué pasó?
Muy simple. Los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo no solo tiraron por la borda la lucha contra el terrorismo al disponer nuevos juicios y darles beneficios penitenciarios, sino también echaron al tacho la guerra al narcotráfico.
Si no veamos. Al término del primer gobierno de Alan García, en 1990, el Perú producía algo más de 100 mil toneladas de hojas de coca. Esta cifra siguió en aumento hasta el año 1992, cuando la producción llegó a 129,100 TM.
Sin embargo, a partir de entonces, derrotado el terrorismo con la captura de sus principales cabecillas, el gobierno de Alberto Fujimori impulsó acciones contra el narcotráfico que llevaron a una reducción progresiva de las plantaciones de coca.
Como consecuencia de ello para el año 2000, las plantaciones de coca se habían reducido a 34 mil hectáreas (75%), y la producción también, tal como lo reconoce el ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi, citando el informe de International Narcotics Control Stragegy Report 2003, Bureaus for International Narcotics and Law Enforcement Affairs, de marzo del 2004.
Esto quiere decir que del 2000 al 2006, durante los gobiernos de Paniagua y Toledo, la producción volvió a crecer hasta llegar a las 105,100 TM ese último año. Y, dos años después, ya con Alan García, el crecimiento siguió en aumento hasta ponerla en las cifras del 2009 mencionadas en el reciente informe de la ONU.
Estos son hechos factuales, innegables. Significa a su vez que, así como se mide la efectividad de una empresa por el resultado de la gestión de sus gerentes, en este caso el gobierno de Fujimori –guste o no- resultó más efectivo que los de Paniagua, Toledo y García.
Caldo de cultivo
Ahora bien, ¿de qué sirve todo esto? Es obvio que no se necesita ser zahorí para pronosticar que, de seguir así las cosas, con un aparato estatal carente de reforma y corroído por la corrupción, el país corre el riesgo de sucumbir ante el poder de los narcotraficantes e ingresemos a un espiral de violencia similar a la que se vive en México o Colombia.
Varios elementos abonan a favor de este pronóstico. El primero, la presencia de sicarios en nuestro país. Según información policial, solo en lo que va del año, éstos han asesinado a unas 20 personas, siendo Huánuco y Lima los de mayor incidencia.
Por supuesto que México todavía nos lleva la delantera. En ciudad Juárez en particular, los asesinatos se suceden a diario y a cualquier hora, mientras en Colombia, las muertes a manos de sicarios y los enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes han cobrado la vida de 235 personas en los últimos meses.
Si a esto sumamos un segundo hecho, el imparable aumento del pandillaje en muchas localidades, nadie puede dudar que el narcotráfico pueda incrementar esos “ajustes de cuentas”, captando justamente a esos mismos jóvenes descarriados e integrantes de las decenas de pandillas que actualmente asolan muchos distritos.
Un tercer elemento que muestra el total descuido del estado y que abona a favor de los narcos es el aumento de los puntos de venta de drogas y que según CEDRO sólo en Lima ha crecido de 455 en el 2004 a 1,122 el 2008), es decir más del 150%.
Un cuarto elemento, es el reducido apoyo económico de parte de los Estados Unidos a la lucha antidrogas (unos US$ 35 mllns.), a diferencia de Colombia (+ de US$ 300 mllns.) por la aplicación del “Plan Colombia” y que –según las autoridades peruanas- está trayendo el desplazamiento de los productores de coca a territorio peruano.
Ahora bien, si a todo esto le añadimos los males estructurales que por décadas castigan a nuestro país y que probablemente motivan ese recorte de la ayuda norteamericana, como son: el alto índice de corrupción que involucra a autoridades, una legislación blandengue y permisiva y una policía sin recursos económicos, logísticos e incentivos morales, etc. Además, la pobreza, el subempleo permanente, la falta de “goteo” de ese crecimiento económico y la ausencia de encausamiento de los jóvenes a actividades productivas, culturales o deportivas, etc., etc., tenemos el cuadro ideal para que el tráfico de drogas crezca y sobre esa base el narcotráfico termine por doblegar al Estado. De eso no me cabe la menor duda.
